Lucas S. Bravo. El Mundo. 02/07/2013

 

En el avión de vuelta de Francia, que aterrizó a las 14.00 h. del lunes en Barajas, había una ausencia llamativa. Entre las caras de las campeonas, que mezclaban el cansancio y la felicidad del día después, no estaba la deSancho Lyttle, nada menos que la MVP del Eurobasket. La razón era bien sencilla, debía regresar a la WNBA. Es una caribeña extraña, con alma de estajanovista.

 

Porque Sancho, que fue nacionalizada por carta de naturaleza hace exactamente tres años, no para. Sus vacaciones son más baloncesto, desempeñándose por partida triple: inviernos en Europa (la última temporada en el Galatasaray, antes siempre en España desde 2006: Puig d’en Valls, CB Avenida y Ros Casares Valencia) y veranos en la WNBA, con permiso para la selección española. Juega para las Atlanta Dream, el mejor equipo hoy por hoy de la liga norteamericana, con el que disputó su último partido el pasado 9 de junio, el 9 de julio tiene el siguiente. El primero del Eurobasket fue seis días después, la victoria inicial ante Rusia, a la que contribuyó con ocho puntos y ocho rebotes, su partido, de largo, más flojo de todo el torneo.

 

Se puede ver el vaso medio lleno o medio vacío, como en todo. Algunos la tacharán de mercenaria, otros vemos un sacrificio y una profesionalidad que escapa de lo normal, más allá de patriotismos de boquilla. Porque Sancho no acude con España de paseo, su compromiso se demuestra con números (18,3 puntos y 11,3 rechaces por partido) y con el esfuerzo intrínseco a su baloncesto, pura brega. Esto decía el domingo: “Antes de llegar todos hablaban de terminar entre las cinco primeras, pero yo vine desde EEUU para ganar el oro, eso es lo que quería”. Tanto lo quiso que anotó los siete últimos puntos de España y esa inolvidable canasta sobre la bocina de la posesión que dejaba el título en bandeja.

Lucas Mondelo me explicaba el proceso seguido con la jugadora nacida en Kingstowm (San Vicente y las Granadinas) hace casi 30 años: “Venía físicamente bien de la WNBA, eso es una ventaja. En tres días fuimos metiéndole lo más importante que tenía que saber. También le habíamos mandado la batería táctica y se la había estudiado. En la segunda fase del torneo ya estaba como si hubiera estado un mes con nosotros”. También es fundamental que el resto del grupo acepte eso, su ausencia en la concentración: lo hacen de buena gana pues saben, inteligentes, que sin Sancho en la pista todo sería mucho más complicado.

 

Cierto, Sancho (¿hay un nombre más castizo?) no sonríe. Bueno, ataviada con la bandera de España, se le escapó media sonrisa cuando bajó a recoger el trofeo de MVP. Así es ella, “introvertida, seriota, pura timidez”, cuentan sus compañeras. Pero, de un tiempo a esta parte, incluso en eso está cambiando. El roce despierta el cariño. “Como ya ha coincidido con varias, conmigo y conSilvia (Domínguez) en Salamanca, con Laia (Palau) en el Ros, con Alba(Torrens) ahora en el Galatasaray… Se ha soltado el pelo. Ha estado feliz, pasaban los días y gastaba bromas. Yo decía, no puede ser. Ha estado muy bien con el grupo”, cuenta Mondelo, encantado con su integración en el vestuario, pues, y esta vez la afirmación no es baladí, Lyttle es absolutamente fundamental para lo que pueda dar de sí deportivamente esta selección. No hay cincos en España, no hay físicos como el suyo. Y, aunque el trabajo de cantera empieza a dar sus frutos, las perlas de más de 1,90 metros aún están en edades muy tempranas.